Kate Adie es una mujer Inglesa, periodista que trabajaba muchos años con el BBC haciendo reportajes de las zonas de guerra alrédedor del mundo. Escribió un libro llamado "la bondad de los desconocidos". Ese titulo es una cita de una obra de teatro, pero no me acuerdo cual; en una epoca fui estudiante de literatura, pero hace algunos años atrás, y me voy olvidando. Me encontré pensando en esa cita a las siete de la mañana el otro dia, mientras estuve acostado en una cama, en una casa, de una familia que nos habiamos conocido solamente el día anterior.
Llegué en el pueblito de Pichanal en la oscuridad de las diez de la noche, miercoles. Pichanal no parece muy lindo de noche, y en realidad no mejora mucho de día tampoco. Está en un cruce de dos rutas que van de Bolivia hacia el sur, y se ve que en parte existe por las drogas y la contrabanda que suelen venir por aquellas rutas. El hombre en la boletería del colectivo me dirigió hacia el único hotel del pueblo. La gente en el hotel me dieron la bienvenida. En realidad creo que les parecian un poco raro verme a mí. En la mesa de desayuno el día siguiente, di cuenta que los huéspedes demás eran todos hombres, Argentinos, trabajadores de las fábricas, y por eso creo que no se ven muchas mujeres, solas, extranjeras, embarazadas! Sin embargo, habia sábanas limpias, y agua caliente en el baño, y en realidad, no necesito mucho más que eso para sentirme en casa.
El día siguiente, caminé a la escuela, donde me recibieron como si fuera estrella. Los niños se disfrazaron, y bailaron y actuaron para darme la bienvenida. Una maestra me llevó a conocer la comunidad indigena (Guaraní) a que la escuela sirve. Otra maestra me invitó a su casa para almuerzar, y otra maestra me vino a buscar después para volver a la escuela por la tarde. Cuando terminaron las clases, tomé un remis a Orán, una ciudad más grande. Ahí, me vino a buscar una señora fonaudiologa, quien me llevó a pasear por toda la ciudad, y me invitó que quedara la noche en su casa. En la mañana, la misma señora me llevó a conocer un hogar de niños, y también fuimos a una escuela especial. En todos lados nos recibieron con una bienvenida calida, aunque soy una desconocida total, y además llegamos de golpe, sin avisar a nadie que viniera. A la hora de almuerzo, una vez más me invitaron a casa, y comí una verdadera montaña de pastas con salsa, antes que me llevaran en su moto a tomar el cole para volver a Salta.
En el mundo de hoy, muchas veces si afija en la "inhumanidad del hombre" y la destrucción de la sociedad, porque de esa manera se vende los diarios. Creo que será bueno que también festejemos el valor importantísimo de los miles de ejemplos de "la bondad de los desconocidos".
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